Patada en la cara a Michael Bay
Su película podría ser estúpida, pero al menos divertir un poco. Sus personajes y situaciones podrían ser nacos, pero al menos simpáticos y un poquito más interesantes. La verdad es que durante la eterna ‘Transformers: Dark of the Moon’ tu cara llega a convertirse en un plasta inanimada que mantiene los ojos abiertos nomás tratando de hallarle gracia a los detalles de los robotitos en pantalla.
El guión es tan elaborado y astuto como el de una caricatura ochentera, sólo que rebasa por mucho el tiempo que un episodio animado con diálogos sosos debería tener. Las frasecitas como “Decepticon Punk!” y el ojito Remi de Bumblebee son de antología, así como la bizarra e innecesaria aparición de John Malcovich. Al final de la cinta ya ni me acordaba que su personaje se había retorcido en el piso cuando le hicieron cosquillas.
La tercera parte de Transformers es de nuevo una porquería, pero tratándose de Bay no es ninguna sorpresa. Como bien dijeron hace años los escritores de ‘South Park’, este tipo no distingue la diferencia entre una idea y los efectos especiales, pero como eso le funciona a la taquilla, prepárense para más bodrios de esta envergadura.
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